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jueves, 6 de febrero de 2014

"Vida en el museo, algo se mueve. ¡¡Ahhhhhhh!!", de Amina León Sangil


(En un museo, a las 3:00 de la madrugada, el personaje de un cuadro intenta salir de él.)

El Grito: ¡Ahhhh, tengo que salir de aquí! Ahhh, estoy harto de estar encerrado en este maldito marco. Llevo aquí tantos años… quiero cambiar mi aspecto. No quiero seguir gritando, me duelen la mandíbula y las manos de estar siempre en la misma posición. Espera un momento.

(Se queda pensando e intenta sacar una mano fuera del cuadro y en eso interviene uno que sí pensaba de verdad: El Pensador.)

El Pensador: Vaya, vaya, con nuestro amigo El Grito. Dice que está cansado de llevar tanto tiempo con la boca abierta. Al menos tú la tienes abierta. Yo estoy harto de tenerla siempre cerrada y apoyada en mi pobre muñeca.

El Grito: Sí, ya. Pero yo, como tengo la boca siempre abierta, tengo los dientes podridos, porque todo el rato me están entrando moscas y hacen sus cositas en mis dientes. Me encantaría tener la boca cerrada y una bella sonrisa como la de la Mona Lisa. Ése es mi mayor deseo.

El Pensador: Claro. Y a mí me encantaría estar siempre de pie sosteniendo una gran antorcha como la de la Estatua de la Libertad.

El Grito: ¿Y qué te lo impide?

El Pensador: ¿Tú qué crees? Me lo impide este estúpido Museo y que estoy hecho de piedra, por si no te habías enterado.

El Grito: ¡¡Ohhh, Dios, es verdad, estás hecho de piedra, no te puedes mover!! ¡Ohhh Dios, pero es que yo tampoco puedo moverme! Bueno, en realidad estaba intentándolo antes de que tú me interrumpieras.

(El Grito vuelve a intentar salir del cuadro y lo consigue.)

El Grito: Síííííííííííí, esto es genial. He salido del cuadro y estoy tan feliz que voy a bailar la "Macarena", ja, ja, ja ,ja.

(Suena la música de la "Macarena" de fondo y El Grito empieza a bailarla y a cantarla, mientras El Pensador se queda mirándolo asombrado.)

El Grito: Voy a ir hasta París a pedirle prestada la sonrisa a la Mona Lisa. ¿Quienes venir conmigo, Pensador? De paso podríamos ir a New York a visitar a la Estatua de la Libertad. A lo mejor te presta un rato su antorcha. Si yo puedo salir del cuadro, seguro que tú también puedes moverte. Sólo necesitas un pequeño empujoncito.

(El Grito va a empujar al Pensador, pero en ese momento El Pensador lo interrumpe.)

El Pensador: Espera un momento. No me toques. Esta cuestión me la tengo que pensar.

El Grito: Pues vale. Tú te lo pierdes. yo me voy. Bye. Chao. Adeu.

El Pensador: Espera, que ya me lo he pensado. Me voy contigo.

(Salen. Se cierra el telón y se abre de nuevo donde aparece el cuadro de la Mona Lisa.) 

El Grito: ¡¡Ahhhhhhhhh es la Mona Lisa Ahhhhhhh!! Qué suerte, qué suerte, qué suerte, qué suerte, me voy a desmayar.

La Mona Lisa: ¿Qué pasa aquí?¿Por qué hay tanto escándalo? ¿Quiénes son ustedes? Ahhh, yo los conozco. Tú eres El Grito y tú El Pensador. ¿Qué es lo que queréis?

El Grito: (Tartamudeando un poco.) Buenooo, yoo, esss queee, que...

El Pensador: Lo que te quiere decir El Grito es que quiere pedirte prestada tu sonrisa.

La Mona Lisa: ¿Para qué quieres mi bella sonrisa? 

El Grito: Es que estoy harto de estar siempre gritando y necesito cerrar la boca. Y como tú tienes una sonrisa tan bonita, se me ocurrió que me la podías prestar.

La Mona Lisa: ¿Si yo te presto mi sonrisa, entonces qué mueca pongo yo?

El Grito: (Mira a El Pensador y dice) Pensador, piensa algo.

El Pensador: (Se queda pensando.) Mmmmmmm, pues se podrían intercambiar el grito y la sonrisa durante un tiempo.

La Mona Lisa: ¿Durante cuánto tiempo?

El Pensador: (Le susurra a la Mona Lisa.) Hasta que El Grito se canse de estar sonriendo, que será muy pronto porque él nació para gritar, no para sonreír.

(Entonces El Grito le arranca la sonrisa a la Mona Lisa y le pega su grito, para irse corriendo a su museo.)

El Pensador: ¡¿Qué?! Esto no es justo. Me dijo El Grito que iríamos a ver a la Estatua de la Libertad y ahora se va. No, no, no, me debe una explicación.

(Y sale corriendo detrás de El Grito y la Mona Lisa lo acompaña.)

(Se cierra el telón y cuando se vuelve a abrir aparece El Grito en su museo, sonriendo.)

El Grito: Jo, qué cutre estoy. Perdí mi personalidad. Creí que sería más feliz con esta media sonrisa, pero me doy cuenta de que no es así. ¡¡Quiero mi gritooooo!! (Con su media sonrisa intenta gritar, pero solo le sale una pequeña mueca.)

(Aparece en escena El Pensador y la Mona Lisa.)

El Grito: Oh, Mona Lisa, quiero que me devuelvas mi grito, por favor, te lo suplico. Este no soy yo. Quiero gritar como antes.

La Mona Lisa: Está bien. Se me hacía tan raro tener esta boca abierta, que te la devuelvo ahora mismo.


(El Grito y la Mona Lisa se intercambian sus muecas.)

El Grito: Oh sísísí, por fin puedo volver a gritaaaaar. Pensador, antes no me porté bien contigo. No cumplí mi promesa sobre ir a visitar a la Estatua de la Libertad. Lo siento mucho. Para compensarte me ofrezco a acompañarte a New York a ver a la Estatua de la Libertad.

El Pensador: No, gracias. Con todo este follón he descubierto que cada uno tiene su forma de ser y debe aceptarse tal y como es. Así que yo me quedo aquí, tranquilo, pensando, que es lo mío.

La Mona Lisa: Pues yo me vuelvo a París, a mi maravilloso cuadro, que seguro que mucha gente estará esperando para admirarme. Au revoir.

(Y la Mona Lisa se va de la escena. Se quedan El Pensador y El Grito.)

El Grito: Pues esto se acabó amigo Pensador, creo que deberíamos volver a nuestras antiguas posiciones.

(El Grito vuelve a su cuadro y El Pensador a su pose de pensador.)


FIN

Amina León Sangil 
Primer Premio Categoría Infantil
30 Premio de Obras de Teatro Escritas por Niños y Jóvenes. 2013

"El Globo", de Yajaira Feller Sánchez

EL GLOBO
Escena 1

En la actualidad.
Al encenderse las luces se ve en el escenario un parque. El Señor y la señora sentados a la izquierda sobre un banco. Se escucha música ambiental con el sonido de los pájaros y el agua de la fuente.

Señor: ¿Crees en el alma?
Señora: Si creer en el alma significa que después de la muerte hay algo, no.


Escena 2

El escenario permanece apagado. De repente se ilumina solo sobre dos niños, con un globo cada uno. Silencio sepulcral. Se apagan las luces y se encienden donde se ven los dos globos, pero ahora uno ha explotado y el otro continúa inflado. Y vienen los niños corriendo hacia los globos. Sólo se ilumina a los niños con los globos.

Niño: Tu globo se desinfló.
Niña: No es justo. Seguro que tú me lo pinchaste. 
Niño: No. Yo no he sido. Éste es mi globo
Niña: No te creo.

Escena 3

Las luces se apagan, se encienden y al niño se le escapa su globo. Se apagan las luces, el globo llega a donde se encuentran los señores y se para sobre el árbol que hay detrás de ellos.

Señor: Hasta ahora no me había fijado que, a veces, las cosas simples de la vida tienen la respuesta a la pregunta más difícil.
Señora: Dime, querido, ¿qué es ahora lo que ronda por tus neuronas?
Señor: Los globos son curiosos. Tú, en principio, los encuentras desinflados, sin aire y tienes que inflarlos poco a poco, inflarlos poco a poco, sin prisas, para que no se te acabe el aire, ¿comprendes?
Señora: Sí, pero no entiendo qué tiene que ver con la vida.
Señor: Es fácil. La vida comienza de la nada y tú vas creciendo poco a poco. A medida que inflas el globo ves cómo crece hasta que llega un punto en el que hay que decidir qué quieres seguir haciendo: si seguir inflando y arriesgarte a explotarlo o dejarlo como está y conformarte con lo que has conseguido.
Señora: ¿Entonces me estás diciendo que la vida se basa en un globo? Sigo sin comprenderlo.
Señor: No le des tantas vueltas, mujer, simplemente déjate llevar.
Señora: Bueno, entonces sigamos.
Señor: En ese momento en el que decides qué hacer, y eliges una opción, es el momento en el que lo dejas marchar, lo dejas en libertad para que siga su camino y recorra su mundo.
Señora: Pero un globo no tropieza. Las personas sí.
Señor: Te equivocas. Y si no, mira cómo tropezó éste con el árbol.


Escena 4

El señor se levanta y coge el globo del árbol. Se levantan la señora y el señor y empiezan a caminar por el parque.

Señor: ¿Ves? Se ha tropezado, pero se ha topado con alguien que le ha ayudado a seguir su camino. Vamos, levántate, vamos a caminar.

Se vuelven a levantar pero esta vez siguen su camino. El señor suelta el globo y juntos lo ven marchar.

Señora: Creo que ya lo voy entendiendo. Ahora el globo sigue su camino.
Señor: Sí, pero toda vida tiene un final y el globo poco a poco va a ir perdiendo su aire.
Señora: Hasta que se encuentre con algo que le desinfle totalmente.
Señor: Cuando el globo explote, habrá muerto, pero al menos sabemos que de lo que al principio se llenó, al final sale y pervive para siempre y es…
Señora: El aire.
Señor: Sí, es lo que intentaba que comprendieras. ¿Crees ahora en el alma?
Señora: ¿Quieres la respuesta ahora?


Escena 5

Se apagan las luces y se encienden sobre el niño y la niña. Después entran por un extremo los señores, que resultan ser los abuelos de los niños. Se enciende todo el escenario. Los abuelos, en silencio, se van acercando a los niños con miradas cómplices. Los niños siguen dialogando mientras se acercan sin percatarse de la llegada de sus abuelos.

Niño: Ahora mi globo se ha perdido.
Niña: Al menos ahora estará libre de tus garras. ¡Hum!
Niño: O tal vez como el tuyo.
Niña: ¿Hacemos las paces?
Niño: Lo siento. Yo no exploté tu globo.
Niña: Supongo que algún día tenía que explotarse. No esperaba que fuera tan pronto.

Mientras se alejan, las luces vuelven a apagarse. Se enciende la luz y sólo se ven globos y se escucha la canción de Imagine Dragons “It’s time”. 

FIN
 

Yajaira Feller Sánchez
Primer Premio Categoría Juvenil
30 Premio de Obras de Teatro Escritas por Niños y Jóvenes 

(Fotografías de Israel de Carlos.) 

martes, 25 de junio de 2013

Luis Cobiella (Santa Cruz de La Palma 1925-2013)


La Mujer      ¡Sí ha bajado, sí ha bajado
la Virgen! Su corazón
está latiendo a la orilla
del mar de cualquier dolor
Sus manos te acariciaron
y en su seno se durmió,
tras la tarea del día,
el eco de tu canción.
Aire fui para tu pecho,
Ángel de tu decisión,
Tiempo no mío por tuyo,
Fidelidad a tu voz,
Sabiduría en saberme
tierra y agua de tu flor.
Le di mis labios al beso
y ella fue quien te besó
¡aire de ángel, templo fiel!
¿aún no sabes quién soy?
¡Ceda La Mentira!
¡La Virgen soy yo!

Arrebata la rosa de oro a La Mentira y la rosa desaparece de las manos de la imagen, en fuego, en humo, en ruido; después, todo queda gratamente iluminado como una desconfianza, como un temor de que no sea verdad, se advierte la natural gradualidad de los cambios profundos que van respondiendo, para siempre, a los últimos temores.

El Aire           ¿Dónde está la inocencia si perdiste
tu inocencia no más rayar el alba?

La Mujer       La inocencia no es algo que se pierde
sino algo que se alcanza.

El Ángel        ¿Dónde está la azucena, si en tu vientre
se marchitó cuando alumbrabas?

La Mujer       Los hijos me dejaron azucenas
eternas aromando mis entrañas.

El Tiempo       ¿Dónde está la serpiente al fin vencida
si aún se arrastra viviente entre tus plantas?

A cada pregunta de los cinco personajes-matices, La Mentira ha ido acompañando, sugiriendo, animando; y ha ido cediendo fuerza y anulándose a cada respuesta de La Mujer.

La Mujer       La vida vive de lo que se vive,
la muerte vive de lo que se mata.

La Fidelidad ¿Dónde están los discípulos honrándote
en el fanal de tu pequeña cámara?

La Mujer       Mi honra es la palabra de mis hijos
y que se cumplan sus palabras.

La Sabiduría ¿Y dónde está, Mujer,
                        tu carne inmaculada?

La Mujer       Sólo al amor me di
y el amor nunca mancha.
Él es quien me ha dejado
limpia como agua clara,
clara, como agua limpia,
y besando la tierra, como el agua,
que eso quiere decir
inmaculada:                 
sin mancha de poder,
ni de riqueza, ni de magia,
ni de mentira,
ni de distancia.
Mi pureza es ser madre, hija y esposa
de todo amor que en el amor se hermana;
si mancha tanto amor, es mi pureza
su mancha.
(Se dirige orante a la imagen.)
María, madre de Jesús
morena y blanca,
enamorada de José
y del amor enamorada,
(La imagen es bajada lentamente hasta la orilla del Carro. La Luz se concentra en puntos de interés)
la que vivió por las orillas
más que por las montañas,
la que al Espíritu sedujo
para que la habitara,
y sedujo a la piedra,
y sedujo a las aguas,
y desde el mar sedujo
la islas más lejanas:
María, en esta noche,
tu lugar es La Palma.
Y La Palma te mira,
y La Palma te llama,
y La Palma te pide
que no te vayas,
que no subas jamás,
que no te vayas.
Yo te doy estas manos y esta voz
para que no te vayas.
Yo te doy esta vida y este nombre
para que no te vayas.
Yo seré la otra Virgen
para que no te vayas,
morena y blanca,
de amor manchada,
que no te vayas.


Luis Cobiella Cuevas
La otra Virgen
Auto Mariano en forma de Carro Alegórico, 1990

jueves, 21 de marzo de 2013

"Impresiones teatrales", un poema de Wislawa Szymborska



Impresiones teatrales

Para mí, lo esencial de una tragedia es el sexto acto:
el resucitar de los muertos en la batalla del escenario,
el retocar pelucas y vestuario,
el arrancar el puñal del pecho,
el quitar la soga del cuello,
el unirse en fila a los vivos
de cara al público.

Saludos individuales y colectivos:
la mano blanca en el corazón herido,
la reverencia de la suicida,
la inclinación de la cabeza cortada.

Saludos en pareja:
la ira ofrece el brazo a la mansedumbre,
la víctima mira extasiada los ojos del verdugo,
el rebelde acompaña al tirano sin rencor.

El pisotear la eternidad con la punta de un borceguí dorado.
El disipar moralejas con las alas del sombrero.
La incorregible disposición a volver a empezar a partir de mañana.
La entrada en fila india de los muertos mucho antes,
en el tercer acto, en el cuarto, en los entreactos.
El milagroso retorno de los desaparecidos sin rastro.
Pensar que entre bastidores han aguardado pacientes,
sin quitarse las vestimentas,
sin limpiarse el colorete,
me conmueve más que los monólogos de una tragedia.

Pero lo en verdad solemne es la bajada del telón
y lo que se sigue viendo por una estrecha rendija:
aquí una mano que se precipita hacia una flor,
allá, otra mano recoge la espada caída.
Y sólo entonces una tercera mano, la invisible,
cumple con su cometido:
me agarra por el cuello.

Wislawa Szymborska

domingo, 18 de noviembre de 2012

"La biblioteca encantada, encantada de conocernos"

"LA BIBLIOTECA ENCANTADA, ENCANTADA DE CONOCERNOS"
Club de Lectura Infantil de la Biblioteca de Los Llanos de Aridane

PERSONAJES
 
Carla: Valiente. Pelo largo, rizado, piel blanca, ojos grandes y brillantes, ropa informal.
Sofía: Responsable y seria. Pelo largo, delgada, siempre enfadada.
Manuel: Inteligente y blandengue. Cara redonda, pelo negro y con flequillo.
Paolla: Dura. Pelo largo, tatuaje en la pierna, cara de mala.
Thais: Charlatana. Divertida, pelo corto y ojos verdes.
Alejandro: Inteligente, chiflado por los ordenadores. Gafas de culo de botella, rubio e inteligente.
Lucas: Macarra. Musculoso, pelo marrón, cara de pocos amigos.
Rubén: El demonio. Moreno, pelo corto y pensativo.
Maroa: Pija. Bien vestida, maquillada, rubia, de pelo largo.
María: Artista. Siempre con coleta y súper sincera.
Andry: Funky. Piel morena, pelo negro y muy amiga de sus amigos
Michael: Deportista. Pelo media melena, deportista y una sonrisa preciosa.
Eugenia: Bibliotecaria. Con gafas, coleta e hiperactiva.
LUCES
Siempre enfocando a los niños en la mesa central, a excepción de cuando, en un momento determinado, María se pone a dibujar y Michael interviene en dos ocasiones que está arrinconado en una silla al fondo del escenario.

DECORACIÓN
Estantería con libros, sillas, mesa, una máquina de golosinas, colores, papel, varios móviles.


ACTO ÚNICO
En el centro del escenario: una mesa, una silla, estantería, libros, una máquina de golosinas y un grupo de niños estudiando. En la parte de atrás del escenario: una puerta y un niño lavándose las manos. Se cierra el telón. Se escucha un ruido de llaves. Acto seguido, se abre el tolón y todos se miran entre ellos.
Carla sale corriendo a ver qué ha sido ese ruido.
Sofía: ¿Qué ha pasado? (Se queda pensativa. Escucha un ruido pensando que es Carla.)
Manuel: (Dice con voz temblorosa.) Carla, ¿eres tú?
(Un silencio se apodera de la sala.)
Paolla: ¿Quién está ahí?
(En ese momento aparece un niño por la puerta del baño.)
Thais: (Le dice al grupo, bajito.) ¿Ese de ahí quién es?
Alejandro: (Se acerca un poco asustado al niño.) ¿Quién eres? ¿Y qué haces aquí?
El niño: (Responde con aire desafiante.) Mi nombre es Lucas, pero me llaman El Cobra (Y hace una señal con la mano.) Y he venido al baño. 
Rubén: ¿Qué ha dicho? ¿El Cabra o El Cobra?
Paolla: Yo creo que El Cabra.
Lucas: El COBRA.
Manuel: Creo que me he hecho pi pi.
Maroa: Hola Cabra.
Alejandro: (A Maroa.) Cobra, que se va a enfadar. Y como mucho el nombre científico: TONTUS COBRUS.
Lucas: ¿Y qué hacen ustedes aquí, chavales?
María: Un trabajo para clase de historia.
(De repente aparece Carla gritando.) Nos han encerrado.
Sofía: Dejémonos de presentaciones y salgamos de aquí.
(Los chicos, desesperados, intentan hablar por el móvil.)
Maroa: Mamá, ¿estás ahí? Me he quedado sin pintalabios. ¿Y entonces? Paolla. (Grita.) ¡Vete al grano! Se escucha un pitito, pi, pi, pi.
Lucas: ¡Niñatos! 
Rubén: Oye, tío, no te pases.
Lucas: (Contestándole a Rubén.) ¿Y tú qué decías?
Rubén: Déjanos en paz.
Sofía: (Enfadada, le grita.) ¡Eh, tú! ¿Qué vas a hacer?
Lucas: (Sentándose y cogiendo un libro, grita.) Reírme un rato de ustedes. Hala, pero este libro es de un ratón y está vivo. Lo mataré. (Empieza a golpear el libro, intentando matarlo.)
Manuel: ¿Pero qué haces con el libro, que te lo vas a cargar? ¿No ves que no es un ratón de verdad? ¡Es sólo fantasía!
Lucas: Vale, es verdad. Es mejor no romperlo. Es un ratón periodista y me puede entretener.
Paolla: (Intenta llamar a su madre.) ¡Mamá, estoy...! (La otra persona reponde: "Paolla, estoy en la cárcel".) ¿Otra vez, mamá? ¿Cuántas veces te he dicho que no le pegues a los guardias, mamá? (Paolla se queda pensativa y tira el móvil al suelo enfadada.)
Sofía: ¿Qué os pasa? ¿Es que no queréis salir de aquí?
Andry: (Que está intentando coger una chocolatina de la máquina. Grita.) A mí lo que me pasa es que no me sale la chocolatina de la máquina. (Y le pega una patada.)
Lucas: (Sigue leyendo el libro que tiene en la mano, lo mira y se ríe.) Luego dicen que el macarra soy yo.
Rubén: ¡Así no! ¡Un poco más fuerte! ¡Así! (Y le pega una patada y se abre la máquina completamente.)
Thais: Tenemos comida. Podemos sobrevivir.
Sofía: Tanta chocolatina no es buena para la salud.
Maroa: Ni para el cutis.
Lucas: Ni para el coco.
Manuel: Ni para nada. Salgamos de aquí.
Thais: (Llama a sus padres. "El número 60554532 está apagado o fuera de cobertura".)
(Michael lleva toda la noche entretenido con un libro de historia del deporte y no se ha enterado de nada.)
Sofía: (Le grita.) ¡Eh, tú! ¿Qué? ¿No ayudas?
Michael: Michael Jordan se llama como yo. Perdón, ¿decías algo, Sofía?
Carla: No tenemos otra cosa que hacer. Nos tendremos que quedar aquí hasta mañana.
Manuel: ¿Qué? ¿Yo? ¿Aquí? ¿Sólo en la oscuridad oscura, sin mi estuche y mi calculadora?
Maroa: No puedo dormir sin mi antifaz y sin escribir tres líneas de mi diario.
Andry: Ni yo sin que mi mami me lea mi cuento.
Lucas: ¿Cuál quieres que te lea, princesa?
Alejandro: Jooooooo, ni sin mi supertelevisión de plasma.
Sofía: ¡Qué inmaduros son! Todos necesitáis dormir con un peluche o cuento.
Carla: Ay, la señorita perfecta.
Sofía: ¿No te traes a tu muñequita?
Carla: Para tu información, la tengo en la mochila.
(Lucas sigue partiéndose de risa, intentado saber cuál es el más listo de todos.)
Manuel: Lucas, no te rías, que seguro que duermes con algo ridículo como nosotros.
(Lucas se levanta de repente.)
Lucas: ¿Qué dices?
(Y todos tiemblan.)
Lucas: Yo duermo con mi gatita Arcoiris.
Maroa: ¿Por qué ese nombre?
Lucas: Porque es de todos los colores.
Andry y Thais: ¿Y por qué? ¿No es una gata?
Lucas: Practiqué grafitos con ella.
Andry: (Choca sus manos con él y dice:) Así se hace, colega. 
Manuel: Pobre gata.
Alejandro: (El informático del grupo, que estaba jugando con el ordenador.) Digo: voy a mandarle un whatashapp a mi madre; pero sorpresa, chicos, ¿a que no sabéis? Tampoco hay Internet.
Carla: Debió desconcertarlo Eugenia antes de irse.
Alejandro: ¡Pero sin embargo de nosotros sí se olvidó!
María: Señor Cabra, ¿puedo hacer un dibujito, ya que vamos a estar juntos toda la noche?
Lucas: ¡No! ¡Date el piro!
Sofía: Sólo intentaba entretenerse, déjala en paz.
Carla, María, Sofía y Thais: (Gritan temblorosas.) Sí, señor Cobra, déjenos en paz.
Alejandro: ¡No te metas con ella, niñato!
Maroa: Sí, sí, sí, señor Cabra, usted a sus asuntos. ¿Y cuáles son sus asuntos?
María: Fastidiar a los demás, pero no calientes más el ambiente, que estamos solos ante el rata.
Paolla: (Se empieza a poner nerviosa. Se enfada.) ¡Me cachis! ¿Cuántas veces van ya?
Thais: ¿Qué dices, Paolla?
Paolla: Que cuántas veces han metido a mi madre en el calabozo. Son quince o dieciséis.
Sofía: Paolla, concéntrate en lo que estamos haciendo, luego te encargas de tu madre.
Alejandro: Oiga, señor Cabra, no, perdón, Cobra, quiere usted ver mi e-book. tiene muchas aventuras de Gerónimo Stilton. (Lucas se lo saca de las manos.) Tío Cabra, devuélvemelo.
Lucas: ¡Cógelo si puedes, pringado! (Lo lanza al aire y cae en la mesa de Michael.)
Michael: ¿De dónde ha salido esto?
(María se aparta a una esquina y comienza a dibujar.)
Carla: (Se levanta seria, va derecha a Michael.) Dame eso, que no ayudas en nada.
(Carla le devuelve el e-book a Alejandro.)
Alejandro: Gracias, mercì, thank you, grazie, danke.
Carla: ¿Eh?
Lucas: Jolines. Lo que voy a aprender esta noche. Hasta idiomas. Ni en mis mejores sueños.

Andry: No lo sabes tú bien. (Y choca las manos.)
Maroa: (Hablando con Paolla, se acuerda de las rebajas al ver el periódico.) Chicos, mega oferta en vestidos.
Carla: ¡Pero qué superficiales son!
(María recorta los dibujos y los reparte a todos.)
Lucas: ¿Y esto qué es?
María: ¡Tu gatita Arcoiris! ¿No la necesitabas? Ahí la tienes.
Maroa: ¡Es de papel! ¡Puedo escribir! ¡Qué guay!
María: ¿Contentos?
Paolla: Contentísimos: sin cenar, sin televisión, sin mis padres...
Maroa: Sin mi antifaz, sin mis rulos...
María: ¡Sin mis lienzos! Los quiero. Los necesito.
Lucas: (Gritando.) ¿Os habéis escuchado? Quiero. Necesito. ¿Y yo qué? ¿Quién soy?
Thais: (A Rubén.) El macarra de turno.
Lucas: ¿Y tú de qué me conoces? Ni siquiera me han hecho caso alguno.
Alejandro: ¿Nosotros egoístas? Pero si tú eres el que está habalndo de ti TONTUS COBRUS.
Andry: ¡Quiero más chocolatinas! 
Lucas: ¡Más! ¡Más! ¡Más! ¡Si te has atiborrado! ¡Y Carlita sólo piensa en ser valiente y está muerta de miedo!
Maroa: (A Thais.) ¡Mi cara tiene que estar más brillante que una farola! 
Lucas: (Repite.) ¡Mi cara tiene que estar más brillante que una farola! ¿Y tus oídos? ¿Qué te pasa? ¿No escuchas, niñita? 
Maroa: Yo sí escucho, pero sólo lo que me interesa. 
Lucas: Ése es tu problema y el del resto de la sociedad. Manuel, Maroa, Andry, Alejandro, Rubén, Thais, Michael, el eterno bello durmiente, y Carla y Sofía las duquesitas. Y Paolla tan macarra como yo. ¿Quieren escuchar una historia y no es de Jerónimo Stilton ni de Blancanieves? No todas las historias están llenas de arco iris, príncipes y princesas. Escuchen: Lucas Gómez, nacido en El Polvorín, sin amigos de confianza, mi padre en paro y mi madre alcohólica, y ustedes se quejan de quedarse en esta biblioteca rodeados de libros. 
(Un silencio se apodera de la sala.)
Alejandro: ¿Y por qué no lo dijiste antes?
Andry: ¡Lo siento, tío, hemos sido unos egoístas!
Thais: (Con los ojos tristes lo mira y dice:) Lo siento Lucas. Tendríamos que haber sido más amables contigo.
Rubén: Al fin y al cabo, todos somos niños y tenemos sentimientos.
Andry y todos: (Dicen lo mismo, excepto Maroa.) Nuestra infancia tampoco ha sido fácil.
Maroa: La mía sí que ha sido fácil.
Michael: Y la mía también.
(Comienza una charla entre todos sobre su vida, sus gustos, sus libros, etc. Al final todos tenían en común la lectura y que eran niños. Ruido de llaves. Eugenia entra. Mira la mesa y los ve charlando.)
Eugenia: ¡Qué horror! ¡Mi cabeza! ¿Habéis pasado la noche aquí? ¿Estáis bien? ¿Y ése quién es?
Lucas: (Hace un gesto de silencio.) Ni una palabra de mi vida. Sigo siendo macarra, El Cobra. Que está en juego mi reputación.
Rubén: Tranqui, colega, ni una palabra.
Todos: (Menos Maroa.) Perfectamente.
Maroa: ¡Cómo se te ocurre dejarme aquí! ¡Perdiéndome las rebajas!
Lucas: Hasta luego peña.
Maroa: (Sale corriendo y le da un trozo de papel.) Mi móvil está apuntado aquí. Llámame y tomaremos algo.
María: (A Lucas.) ¡El lunes aquí todos!
Lucas: Yo me abro.
Eugenia: ¿Qué ha pasado?
Thais y Manuel: (Al mismo tiempo.) Que nos abrimos.
María: (Vuelve a entrar y dice.) Eugenia, ¡tú no has visto nada!
Alejandro: ¡Hala! Si tenía un móvil con conexión a Internet. 
(Todos saltan.)
Todos: Lo matamos. (Y salen corriendo detrás de Alejandro.)
Alejandro: ¡Chicos, no utilicen la violencia!
Rubén y Manuel: (Gritan.) ¡A dar mamporros!

FIN


Club de Lectura de la Biblioteca Municipal de Los Llanos de Aridane (formado por Andry Vivero Saucedo, Carla Rodríguez Acosta, Maroa Arteaga Cáceres, María Sánchez García, Paolla Silva de Meneses, Thais Martín Racinero, Manuel Díaz Echevarría, Alejandro de Paz Acosta, Rubén Gómez Hernández, Sofía Lavers Tejedor y Michael González Boncompte y coordinado por Eugenia Cabrera Reyes. Dibujos de Manuel Díaz Echevarría.)
Primer Premio en la Categoría Infantil
29 Premio de Obras de Teatro escritas por Niños y Jóvenes

miércoles, 14 de noviembre de 2012

"La casa rural", de Adrián Martín Gutiérrez

LA CASA RURAL

(Un inglés llega a una casa rural de la isla de La Palma, llamada Villa Orquídea. El inglés es joven y guapo. Su nombre es Maximilian.)

(Maximilian entra y empieza a mirar las cosas buscando algo.)
Cecilia: ¿Le ayudo en algo, señor?
Maximilian: What's?
Cecilia: ¡Aaaaah, vale, tú eres de fuera! ¿Pero de dónde?
Maximilian: I don’t speak Spanish! (Saca un diccionario y busca palabras. Con acento inglés.) Yo hablar inglés. No español.
Cecilia: No. Eso es mentira. Acabas de hablar español.
Maximilian: (Se da un golpe en la cabeza. Vuelve a coger el diccionario y a buscar palabras.) Yo reservar en… habitación aquí.
Cecilia: Dígame su nombre.
Maximilian: (Vuelve a buscar en el diccionario.) Mi nombre es Maximilian. Max para abreviar.
Cecilia: Yo me llamo Cecilia. Ceci para las amigas (Max mira a Cecilia con cara de asesino). Vale, vale. Ahora busco la llave. (Le da la llave.) La sexta a la izquierda.  
Maximilian: The Spanish are…! (Se va.)
(Entran dos mujeres y un hombre en la sala con pinta de limpadores.)
Sara: Oye, Ceci, ¿eso era un cliente?
(El hombre limpia.)
Cecilia: Yes.
Sara: ¡Y estabas ligando con él! Eres más lista que yo.
Cecilia: Eso no es verdad. El hombre es guapísimo… ¡pero es inglés y no me entero de lo que dice!
Nieves: Yo te puedo ayudar. Sabes que era maestra y fui a Inglaterra. Así que te enseñaré inglés.
Sara: Pero si tú nunca… (Nieves le da un codazo y se calla.)
Nieves: (Se la lleva aparte y le habla en el oído.) Calla, que así la despisto para que luego el inglés sea mi novio.
Sara: ¿Y si es feo?
Nieves: Entonces se lo dejo todo para ella. (Vuelven al lado de Cecilia.)
(Entra Maximilian y se sienta en un sillón. Saca un libro que empieza a leer.)
Sara: ¡No puede ser! Ése es Maximilian. Escóndeme antes de que me vea. (Se esconde detrás del mostrador.)
Cecilia: ¡Es Max, para abreviar, enterada! Y oye, ¿por qué te escondes?
(Sara saca media cabeza para responder.)
Sara: Es que estuvimos saliendo durante un tiempo y era muy pesado. Que si haga esto. Que si haga lo otro. ¡Vamos, que no era mi tipo! 
Nieves: ¿Cómo lo conociste?
Sara: Lo conocí en un viaje de estudios a Londres. Cuando yo era joven.
Cecilia: ¿Y cuántos años tenías?
Sara: Tenía 23 años.
Cecilia: ¿Y cómo es que estudiabas en ese momento?
Nieves: ¿Sabes hablar inglés?
Sara: ¡Basta ya de preguntas! Si queréis saberlas, vámonos de aquí y les cuento toda la historia, ¿vale?
Nieves: Vale. ¡Pero vámonos ya! 
(Salen las tres de la sala. El chico se queda mirando a Max y se sorprende. Va al mostrador pensando que las mujeres están allí.)
Javier: Uy, chicas, ¿habéis visto a ese chico? Es tan guapo. (Hablando con voz afeminada.) ¿Pero ustedes lo conocen? ¿Cómo se llama? ¡Yo me lo pido! (Hay un silencio.) Eh, chicas, ¿ahora están enfadadas conmigo? ¡Ya no me hacéis caso, pues me voy que limpie otro! (Se va.)
(Entran dos tipos con pinta de albañiles.)
Pedro: (Susurrando.) Eh, Juan, ese tiene que ser el jefe de la casa rural.
Juan: Claro, Pedro, a veces me parece que no eres completo.
(Se acercan a Max).
Pedro: Venimos a poner la puerta que pidió.
Juan: Eso, venimos a la puerta.
(Max pasa de ellos).
Pedro: ¿Qué puerta?
Juan: ¡Ay! Se nos olvidó la puerta. Vamos a buscarla.
Pedro: ¿Vamos a buscar qué?
Juan: No sé. Vamos a la camioneta a ver si me acuerdo.
(Salen los dos y Max sigue concentrado en su lectura. Entra una persona con pinta de rico.)
Ricardo: Eh, ¿quién es usted y qué hace en mi casa?
(Le da con su bastón en la cabeza.)
Maximilian: Sorry, sorry.
Ricardo: ¿Me estás llamando zorro? ¡Zorro, tú!
Maximilian: My name is Maximilian.
Ricardo: Sí y yo me llamo Ricardo y ahora por eso somos todos conocidos.
Maximilian: Ricardo.
Ricardo: Sí. Ése soy yo.  
Maximilian: What?
Ricardo: No. Aquí no tenemos ni gota, ni gata. Oye, ya que somos conocidos, vamos a la casa de Camilo.
Maximilian: No.
Ricardo: Claro que sí vamos a ir, porque esta es mi casa y si no, te echo.
Maximilian: But, who is Camilo?
Ricardo: ¿Pero qué camino? He dicho Camilo
Maximilian: Camilo.
Ricardo: Y dale con camino. Bueno, da igual. Vamos a buscarle.
(Max y Ricardo se van. Al momento entran Cecilia y Sara.)
Cecilia: (Lleva un vestido.) Bueno, ¿qué te parezco? ¿Estoy guapa?   
Sara: Oye Nieves, ven para decidir si Cecilia está guapa o no.
(Entra Nieves con el mismo vestido que Cecilia.)
Nieves: ¡Madre mía! ¡Qué espanto, chica! Se ve que ese vestido no te favorece nada. Pero a mí me queda súper bien, como a… una duquesa.
Cecilia: Sí, como a la duquesa de Alba.
(Sara y Cecilia se empiezan a reír.)
Nieves: Ja, ja, ja. Me parto con ustedes. (Con tono de burla.) Yo seré la duquesa de Alba, pero tú eres como Belén Esteban. Sólo te falta que te retoquen la nariz. Espera, la tuya ya es fea.
(Nieves se ríe sola.)
Sara: Nieves, no te ofendas, pero ese hombre es demasiado joven para ti. Además, a mi me pegas más con Camilo.
Nieves: Con ese no comparto ni el agua.
Cecilia: Ah, pues te aguantes. Yo me lo pedí primero.
(Entra Javier en la sala.)
Javier: Eso es mentira. Yo me lo pedí primero.
Cecilia, Nieves y Sara: ¿Quéééééééééééé?
Javier: Sí, soy gay. Y no me importa porque cuando lo vi…
Sara: (Lo interrumpe.) No, si ya sabíamos que eras gay. Pero lo que no nos esperábamos es que te gustara uno de tu mismo sexo. 
Cecilia: Pero de todas maneras es mentira, porque yo lo dije primero.
Javier: Pero tú no dijiste: “me lo pido”, ¿verdad?
Cecilia: Sí, pero yo di a entender que era para mí.
Nieves: Pues ahora para ninguno de ustedes, que era para mí.
Sara: Paren de pelearse. No sería mejor hacer un concurso para saber quién le gusta más.
Javier: Buena idea. Lo voy a buscar para enarmorarlo.
(Javier se va de la sala.)
Nieves: No si lo puedo evitar.
(Nieves se marcha.)
Cecilia: No vale. Habéis salido sin avisar.
(Cecilia se marcha.)
Sara: Yo espero que Max no siga enamorado de mí. Es que soy tan guapa…
(Entra una mujer con pinta de rica.)
Rosa: Sara, ¿qué pasa? ¿Qué tal estás? Eso de limpiar se te da bien, oye. Por cierto, ¿has visto a mi marido Ricardo?
Sara: No. Hace tiempo que no lo veo.
Rosa: Es que no está y le tengo que dar sus aparatos nuevos de las orejas.
Sara: Bueno, tal vez fue a ver a su amigo Camilo.
Rosa: Tienes razón. Lo iré a buscar a casa de Camilo. Muchas gracias. Te acabas de ganar que te suba el sueldo.
(Rosa se marcha y entran los albañiles, mientras Sara sigue limpiando.)
Sara: ¿Qué queréis?
Pedro. Venimos a traerle la puerta.
Juan: Esta vez me tocaba decirlo a mí.
Pedro: Mentira.
Juan: Verdad.
Sara: ¿Pero dónde está la puerta?
Pedro: ¿Qué puerta?
Sara: ¡La que tenían que poner!
Juan: ¡Es verdad! Me suena algo de una puerta, pero, ¿de qué me suena?
Pedro: No lo sé, pero a mí también me suena.
Juan: Bueno, da igual. Ya nos vamos. Adiós.
Pedro: Que me tocaba a mí despedirme.
Juan: Mentira.
Pedro: Verdad.
(Y se van.)
Sara: Adiós.
(De repente entran Ricardo y Max en la sala.)
Maximilian: ¡Sara! ¿Qué haces tú aquí?
Sara: (Con voz nerviosa.) Nada. Trabajo aquí.
Maximilian: (Con acento inglés.) ¿Por qué me dejaste por esta vida?
Sara: ¡No lo sé! Y es que ahora que te veo tan cambiado…
Maximilian: No digas nada.

 (Hace como si se fueran a besar, pero Ricardo lo interrumpe.)
Ricardo: Espera, espera, espera. ¿Tú no hablabas inglés?
Maximilian: Sí, pero es que quería pasar desapercibido. Estoy buscando a mi padre. Trabajó con mi madre y no le dijo que estaba casado. Cuando se fue le dejó una nota diciéndole que estaba en La Palma, en una casa rural llamada Villa Orquídea. Por eso estoy aquí. Buscando a mi padre, pero no sé quién podrá ser. Bueno, si me permitís, me voy a sentar a leer un rato. Si quieres venir conmigo, Sara.
Sara: No gracias. Tengo que hablar con Ricardo.
Ricardo: (Habla con Sara susurrando mientras Max se sienta en el sillón.) ¡Ni se te ocurra decirle que soy su padre, que me la cargo!
Sara: (Con cara de asustada.) ¿Y cómo la conociste?
Ricardo: Fue hace 25 años. Yo tenía 40 años y me fui de viaje de empresas a Londres. Entonces la conocí. La nombraron mi secretaria y una noche se quedó embarazada. Al día siguiente volví a España. Le dejé una nota por si algún día me quería conocer. No he sabido nada más de ella hasta hoy.
Sara: ¿Pero cómo le pudiste hacer eso a tu mujer? Tranquilo, no diré nada, pero el problema es que Max le diga alto a tu mujer.
Ricardo: No lo creo. ¿No ves que es bobo? Cómo se nota que no salió a mí.
(Al momento entran Nieves, Cecilia y Javier. Los tres visten la misma ropa).
Javier: ¡Ahí está! Vamos a ver quién le gusta más.
Nieves: Primero yo.
(Se acerca a Max mientras Sara y Ricardo miran.)
Sara: Espera. Vamos a apartarnos de aqui para que veas una cosa.
Ricardo: ¿Qué cosa? 
Sara: Que a los tres les gusta Max y los va a rechazar a los tres, porque está claro que le gusto yo, ¿verdad?
Ricardo: Sí, sí, sí. Está clarísimo. ¿Pero qué hace Javier ahí?
Sara: Nada. Que es gay. Y mira tú por dónde a los gays les gustan los de su mismo sexo. Calla que ya empieza.
Nieves: Hola guapo. Tengo una cosa para ti.
Maximilian: Yo tengo otra cosa. Está en mi cuarto.
Nieves: ¿Qué cosa?
Maximilian: Que hay un montón de ropa sucia y me la vas a ir a lavar.
(Nieves vuelve al lado de Javier y Cecilia.)
Nieves: (Enamorada.) Es muy guapo. (Enfadada.) ¡Pero es muy maleducado! (Decepcionada.) Te toca a ti, Javier.
Javier: Vamos allá. (Se acerca a Max.) Hola, yo soy Javier. ¿Y tú cómo te llamas?
Maximilian: Yo soy Max.
Javier: Encantado de conocerte. ¿Quieres que te ayude en algo?
Maximilian: Pues sí. Que vayas a mi cuarto y lo friegues. Es que se me cayó el zumo…
(Javier vuelve al lado de Cecilia y Nieves.)
Sara: (Al oído de Ricardo, susurrando.) Están haciendo más el tonto. ¡Cómo se nota que sigue enamorado de mí!
Ricardo: Sí, sí. Verdad.
Javier: No sé cómo me pudo gustar. Me da un escalofrío. Te toca Ceci.
(Cecilia se acerca a Max.)
Cecilia: Oye, Max, que me gustas mucho.
Maximilian: Tú también me gustas mucho porque sé que me vas a traer una buena tacita de té.
(Al momento entra Rosa, mientras Cecilia, Javier y Nieves hacen que hablan.)
Rosa: Ricardo, al fin te encuentro. Te quería dar tus aparatos de las orejas nuevos. (Ricardo empieza a ponerse los aparatos. Rosa se dirige a Max.) Oye, ¿quién eres tú? Esta casa rural es mía y me gustaría saber quién viene a quedarse aquí.
Maximilian: (Se levanta del sillón.) ¿Tú eres la dueña? 
Sara: Oh, oh. Aquí se va a montar una buena. Ricardo, nos deberíamos ir.
Ricardo: Espera que me ponga los…
Rosa: Claro que soy la dueña.
Maximilian: ¿Y quién es tu marido?
Sara: Oye Ricardo, vámonos ya.
Ricardo: ¿Por qué tienes tantas ganas de que nos vayamos?
Sara: Por eso.
Rosa: Mi marido es Ricardo. El que se está poniendo los aparatos.
Maximilian: Ése es mi padre. Con el que he estado todo este tiempo. 

Rosa: ¿Tu padre? ¡Ricardo! ¡Explícame esto ya mismo! ¿Éste es tu hijo? ¡Me pusiste los cuernos!
Ricardo: Sí, pero eso fue hace mucho.
Rosa: ¿Cómo pude ser tan idiota y no ver que cuando venías de viaje de empresa me estabas poniendo los cuernos? Lo único que espero es que éste sea el último.
Ricardo: Pues…
Rosa: ¡Yo te mato!
(Ricardo se esconde detrás del sillón mientras Rosa le tira cosas.)
Javier: Oye, chicas, ¡nos perdemos la pelea!
Nieves: ¡Es verdad!
Maximilian: Yo mejor me voy de España. Me da que la he cagado. Pero antes, Sara ¿quieres venir conmigo a Londres?
Sara: Claro que sí Max. ¡Sigo enamorada de ti!
(Max y Sara se van.)
Javier: ¿Quééééééééé? ¡Tú no estabas en el concurso así que vuelve!
(Se va Javier.)
Cecilia: Y decía que no era su tipo, la muy…
(Se va Cecilia)
Nieves: ¡Vuelve aquí, ladrona de novios!
(Se va Nieves.)
Ricardo: ¡Esperadme! Yo no me quiero quedar aquí. Llévenme con ustedes
(Se va Ricardo.)
Rosa: ¡Yo también te los había puesto, así que vete, que me casaré con Camilo y punto!
(Rosa se sienta y entran los dos albañiles.)
Pedro: Señora, venimos por lo de la puerta.
Juan: Eso, por lo de la puerta.
Rosa: ¿Y dónde tenéis la puerta?
Juan y Pedro: ¡No la tenemos!
(Y se van.)
Rosa: ¡Esperad, que la puerta ya está pagada!
(Rosa se va.)
FIN



 Adrián Martín Gutiérrez, 14 años. 
Primer Premio Categoría Juvenil
29 Premio de Obras de Teatro Escritas por Niños y Jóvenes