miércoles, 10 de octubre de 2012

Este trimestre recomendamos… los premios Nobel y el teatro

Coincidiendo con la concesión en el segundo jueves de octubre del máximo galardón de las letras universales, nuestra lectura recomendada para el último trimestre del año se centra en los (pocos) dramaturgos reconocidos con el Nobel de Literatura desde que se concedió por primera vez en 1901, y también en aquellos que, habiendo cultivado otros géneros literarios, han abordado ocasionalmente el teatro como forma de escritura. Estos son algunos de los títulos que podrás encontrar en la Biblioteca.


Jacinto Benavente (Premio Nobel, 1922). Comedias y dramas. Gracias a la donación realizada en su día por la fundación José Antonio de Castro la Biblioteca cuenta con buena parte de la producción teatral más representativa del estilo benaventino tanto en sus inicios como dramaturgo -un estilo caracterizado por sus ágiles diálogos, sus argumentos mínimos, los discursos poco ampulosos y la exploración psicológica de los personajes, especialmente los femeninos- como en su etapa de mayor madurez, donde se hace patente el sentido moral de la acción y el equilibrio entre lo estético y la intención amena. Títulos como El nido ajeno, La noche del sábado, Rosas de otoño y, por supuesto, Los intereses creados, entre otras muchas, figuran en estos dos volúmenes de la Biblioteca Castro.

George Bernard Shaw (Premio Nobel, 1925) Santa Juana. Considerado como uno de los mayores autores teatrales de la literatura británica, Bernard Shaw fue el más incisivo crítico social y el mejor crítico teatral y musical de su generación. Maestro de la ironía y de la risa mordaz, Santa Juana es quizá su obra cumbre, escrita con el propósito de ignorar todas las limitaciones de la escena impuestas por el siglo XIX. La figura de la Doncella de Orleans domina una rica reconstrucción histórica en la que destella la habilidad del autor para el manejo de la oposición dramática, la ironía del lenguaje y la absoluta libertad del planteamiento, extendiendo la acción desde la Edad Media hasta el presente.

Luigi Pirandello (Premio Nobel, 1934) Seis personajes en busca de autor. Cada cual a su manera. Esta noche se improvisa. Pirandello obtuvo el Nobel “por su reactivación audaz e ingeniosa del arte dramático y escénico”. Las tres obras que componen este volumen, unificadas por su autor como “teatro en el teatro”, constituyen el mejor exponente de uno de los más grandes autores de la historia del teatro. En estas obras se reflejan las ideas filosóficas del autor, como la existencia de un arraigado conflicto entre los instintos y la razón, que empuja a las personas a una vida llena de grotescas incoherencias; igualmente considera que las acciones concretas no son ni buenas ni malas en sí mismas, sino que lo son según el modo en que se les mire; y, por último, cree que un individuo no posee una personalidad definida, sino muchas, dependiendo de cómo es juzgado por los que entran en contacto con él. Los personajes de Pirandello encuentran la realidad sólo por sí mismos y, al hacerlo, descubren que ellos mismos son fenómenos inestables e inexplicables. Su profundo pesimismo y su pesar por la condición confusa y sufriente de la humanidad se expresa a través de un humor en ocasiones macabro y desconcertante.

Eugene O’Neill (Premio Nobel, 1936) Largo viaje hacia la noche. La obra póstuma de O’Neill es también considerada su obra maestra, una acerada crónica autobiográfica sobre un día en la vida de una familia en pleno proceso de descomposición. A pesar de que sus instrucciones escritas estipulaban que sus obras no debían publicarse hasta 25 años después de su muerte, la obra se dio a conocer solo tres años después de su fallecimiento, siendo aclamada de forma inmediata por la crítica. Figura clave del teatro estadounidense, O’Neill explora en las partes más sórdidas de la condición humana a través de personajes que viven en los márgenes de la sociedad y que luchan por mantener sus esperanzas y aspiraciones, aunque suelen acabar desilusionadas y cayendo en la desesperación.

Albert Camus (Premio Nobel, 1957) Calígula. Principalmente valorado como novelista y ensayista, Albert Camus (al igual que Sastre, al que también se le concedió el Nobel en 1964 aunque lo rechazó), encontró en el teatro no sólo un instrumento en el que volcar su pensamiento filosófico ligado al existencialismo, sino una forma literaria que alcanza sus cotas más  elevadas en obras como Calígula, un título que continúa reponiéndose una y otra vez en todos los teatros del mundo y que refleja las contradicciones de la vida humana y denuncia el ejercicio del poder contra el hombre y las ideologías que matan en nombre de la justicia.

Samuel Beckett (Premio Nobel, 1969) Teatro Reunido. Aparecen aquí las principales obras del extraordinario dramaturgo irlandés, desde la inicial Eleuteria, a la revolucionaria Esperando a Godot y la crepuscular Fin de partida. Así reunidas se aprecia no sólo con nitidez la evolución de su obra, sino también la genialidad de un autor que revolucionó la literatura y el teatro contemporáneos hasta el punto de modificar nuestra concepción del mundo. Probablemente ningún otro autor –ni siquiera Brecht- haya ejercido una influencia tan indiscutible en el teatro de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI.  

 Darío Fo (Premio Nobel, 1997) No quemen a la bruja. El Papa y la bruja. Muerte accidental de un anarquista. Ocho monólogos. El jurado sueco provocó no poco estupor e incluso alguna que otra protesta airada al conceder al actor y autor Darío Fo el Nobel de Literatura. "Emulando a los juglares de la Edad Media, critica severamente a la autoridad y restituye la dignidad a los oprimidos", fue la justificación del galardón. Lo cierto es que la obra de Fo –y de su inseparable Franca Rame- combina de forma acertada la aguda observación y denuncia de tono político con la comedia más desternillante, combinación que favorece que sus obras se repongan continuamente en todo el mundo.

Elfride Jelinek (Premio Nobel, 2004) No importa. Una pequeña trilogía de la muerte. La revista Primer Acto dedicó un número especial en 2007 a la controvertida autora austriaca, gracias al cual contamos con una muestra de su teatro, poco traducido en nuestro país pese al Nobel –no así sus novelas, algo a lo que ya estamos tristemente acostumbrados-. Entre sus preocupaciones figuran la crítica social, el análisis de la condición de la mujer y el desarrollo de un lenguaje propio, muchas veces devenido en verdadero protagonista de sus obras. "Soy elogiada como autora dramática cuando en realidad yo no sé nada de teatro. Escribo contra el teatro. No me imagino nada más absurdo que personas vivas en un escenario", aseguró en su día esta feminista a ultranza y defensora de las ideas de la izquierda.

Harold Pinter (Premio Nobel, 2005) Un ligero malestar. La última copa. Recibido con alborozo por toda la profesión teatral –e idéntico disgusto por parte de libreros y editores- el premio a Harold Pinter constituyó en realidad un reconocimiento al fructífero teatro británico de la segunda mitad del siglo XX. La Academia Sueca señaló en su argumentación que Pinter deja al descubierto en sus dramas "el precipicio que hay detrás de la conversación diaria y que irrumpe en los espacios cerrados de la opresión". Pinter comenzó La trayectoria de este autor de culto comenzó con un punto de vista de base existencialista en los años cincuenta y sesenta (época de Un ligero malestar en la que crea una situación de gran tensión dramática a partir de una conversación cotidiana), para posteriormente adoptar un tono cada vez más político (etapa a la que corresponde La última copa, con la tortura como telón de fondo).

 Mario Vargas Llosa (Premio Nobel, 2010). La Chunga. Aunque consagrado como novelista, el último Nobel en lengua española es un autor muy vinculado a la escena, hasta el punto de que el Teatro Español ha anunciado que estrenará a partir de esta temporada toda la producción escénica del escritor hispano peruano. En la biblioteca puedes leer La Chunga una obra sobre “el amor, el deseo, los tabúes, la relación entre un hombre y una mujer, los usos y costumbres de cierto medio, la condición femenina en una sociedad primitiva y machista y la manera como estos factores objetivos se reflejan en el ámbito de la fantasía”. 

Por supuesto en esta breve relación echamos de menos a autores como nuestro José Echegaray (¿por qué no?), Maeterlink, Hauptmann, Gao Xingjian, o del propio Jean Paul Sartre, además de las obras de Elias Canetti o Günter Grass. Y muchos más títulos de los escritores ya reseñados. Son las asignaturas pendientes de nuestras estanterías, que procuraremos ir completando en los próximos años.

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