viernes, 28 de octubre de 2011

"El árbol mágico", de Yeneva Arteaga Armas


Narradora: Había una vez una niña que tenía un caballo bueno y bonito, pero un poco viejo para trabajar. Un día el caballo dijo:

Caballo: Tengo hambre, no me has dado nada de comer en dos días.

Niña: ¿Cómo quieres comer si ya no quieres trabajar?


Caballo: Tú sabes que estoy viejo y que ya no puedo trabajar.

Niña: Lo sé mi caballo bonito, pero tienes que ayudarme; si no, no tendremos para comer.

Caballo: ¡Lo intentaré!

Niña: Vamos, ayúdame a sembrar estas tierras para que nazcan papas y poder venderlas para conseguir dinero.


Narradora: El caballo, muy contento, ayudó a la niña, pero no soportó el esfuerzo y se desmayó.

Niña: ¡Caballo, caballito! ¿Qué te pasa?


Caballo: Estoy demasiado cansado y viejo para trabajar.

Narradora: Cuando de repente... apareció un zorro.


Zorro: ¡Qué te pasa, caballito! ¿Por qué estás en el suelo?

Caballo: ¡Oh, oh! Es que estoy muy viejo para trabajar y no tenemos nada para comer.

Zorro: No te preocupes, caballito, yo tengo la solución.

Narradora: La niña se puso muy contenta al oír al zorro porque tenía una solución para su pobreza.

Zorro: ¡Vamos, caballito, vamos al bosque a buscar al árbol de las piedras preciosas; él nos ayudará!


Narradora: El caballo y el zorro se despidieron de la niña y se adentraron en el bosque.

Caballo: Qué bosque tan oscuro y tenebroso. ¡Qué miedo tengo!

Zorro: Tranquilo, caballito, no te va a pasar nada; pronto llegaremos al árbol de las piedras preciosas y todos tus problemas habrán acabado.

Narradora: Tras varios días caminando, el caballo y el zorro llegaron al árbol.


Zorro: Hola, árbol, te traigo un amigo para que lo ayudes.

Árbol: Hola, caballito, ¿qué te pasa, en qué te puedo ayudar?

Caballo: Es que estoy demasiado viejo para trabajar y yo y mi ama estamos pasando mucha hambre, ya que no puedo ayudarla a sembrar las tierras.

Árbol: No te preocupes; coge unas cuantas piedras preciosas de mis ramas y llévaselas a tu ama para que puedas venderlas y conseguir dinero para comer.


Caballo: Gracias, árbol, me has hecho muy feliz; gracias a ti no volveremos a pasar hambre.

Árbol: Sólo te pido un favor.

Caballo: Dime, árbol.

Árbol: No cuentes a nadie dónde has conseguido estas piedras, ya que, si lo cuentas, todo el mundo vendrá y me quitarán mis piedras; entonces yo moriría.

Caballo: Tranquilo, árbol, guardaré tu secreto.

Narradora: El caballo y el zorro se despidieron del árbol y regresaron a casa de la niña con las piedras preciosas. Tras varios días caminando, llegan a la casa.


Caballo: Toma, mi ama, he conseguido estas piedras preciosas para que las vendas.

Niña: ¡Qué bien, caballito! Gracias a estas piedras, jamás volveremos a pasar hambre, ya que con ellas compraré comida y otros animales que me ayuden, y tú no tendrás que volver a trabajar.


Narradora: Desde ese día el caballo, la niña y el zorro vivieron felices y jamás volvieron a pasar hambre.

Fin





Yeneva Arteaga Armas, 9 años
Colegio Anselmo Pérez de Brito
Primer premio en la categoría Infantil
28 Concurso de Obras de Teatro escritas por Niños y Jóvenes


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